mayo 12th, 2011
Una pausa para aligerar la carga informativa…
… y echar unas risas…
Esta lista está compuesta por libros de psicólogos que han estudiado el desarrollo infantil.
Recomendado: Sue Gerhardt, “Why love matters”. Sólo está en inglés y es bastante científico. La autora es una psicoterapeuta que se ha dedicado a reunir toda la información que ha encontrado sobre el desarrollo infantil desde el nacimiento hasta los primeros años de vida. De este libro aprendí algo muy importante: cómo un pobre desarrollo emocional puede dañar el cerebro. Hablo de daño físico, de “agujeros negros” que luego son difíciles de recuperar. Fue el detonante para ver que la solución tan aplaudida de “dejar llorar a los bebés para que se les ensanchen los pulmones” no es más que una salvajada. Tras la lectura de este libro y el de “Inteligencia emocional” de Daniel Goleman, me he dado cuenta de que gran parte de los problemas de actitud y de aptitud de los jóvenes no son más que carencias afectivas… no sólo estamos criando a niños menos inteligentes, sino emocionalmente incompetentes…
Muy recomendado: Daniel Stern, “Diario de un bebé”. Daniel Stern es un psicólogo especializado en el tema del desarrollo infantil; sus líneas de investigación y teorías del desarrollo están en consonancia con la Teoría del Apego desarrollada por John Bowlby (http://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_del_apego). En su libro, Daniel Stern describe, desde la perspectiva del bebé, varias situaciones en el día a día de un bebé. Vemos a través de sus ojos y de su mente, cómo entiende el bebé el mundo. Me pareció muy interesante el aprender que los recuerdos anteriores a la adquisición del lenguaje son meramente sensoriales, con lo que un rayo de sol en la pared nos puede traer sensaciones muy agradables que ya existen en nuestra mente desde los primeros días de nuestra vida.
Recomendado: Lisa Miller, “Comprendiendo a tu bebé”. Es un libro muy corto, con letra muy grande que da una visión rápida del desarrollo del bebé hasta el primer año. Como introducción al mundo del bebé de la mano de una psicóloga es interesante, ya que es ameno y muy llevadero.
De momento, estos son los que más me han gustado y que recomiendo.
Por no hacer más largo este post, dejo para otros las siguientes recomendaciones bibliográficas.
Algún día comentaré mi parto, pero, para el tema de la lactancia, sólo apuntaré de ese momento que, nada más nacer mi niña, me la pusieron encima, piel con piel, y a los poquitos minutos (no sé si llegó a los 10 minutos) ya estaba enganchada mamando.
En 24 horas o menos ya tuve la subida de la leche y también en menos de 24 horas empecé con las molestias.
Mi recuerdo de esos primeros momentos era que no sabía cómo ponerme para sujetar a un bebé al que se le iba la cabeza hacia todos los lados y estando yo cómoda, que era lo que me recomendaban. Probé sentada en una mecedora, con cojín de lactancia y sin él, probé incorporada en la cama de la casa de maternidad… Por un lado yo estaba muy agarrotada ya que la situación me superaba. De estar embarazada, había pasado a ser madre y a tener a una personita a mi cargo en muy poco tiempo y sin pausas para tomarme un respiro y ver desde una perspectiva más lejana qué estaba pasando con mi vida. Pero tiene que ser así. Esa personita que estaba dentro de mí acababa de salir y yo era su referencia en este mundo. Ahora lo entiendo, pero en esos momentos fue duro.
Para las grietas y pezones probé un montón de cosas. Esta es mi experiencia:
Errores: llevar discos absorbentes en todo momento. Mantienen la humedad en la zona del pezón y, como he dicho con las copas de cera, son un caldo de cultivo para bacterias e infecciones en el pezón.
Por otro lado, mi pecho aumentó muchísimo y tenía mucha leche que me ponía el pecho muy duro y cuando mi hija iba a mamar era una odisea. Me aconsejaron que antes de ponerla al pecho, me aplicara calor húmedo en la zona y me masajeara para que saliera algo de leche y descongestionara el pecho. Eso fue buena idea, aunque eran más mis nervios por saber que mi hija tenía hambre y estaba esperándome, que mi pericia para sacar leche manualmente y no quería ni oír hablar de sacaleches…
Lo que acababa ocurriendo es que salía un poco de leche y casi no llegaba a bajar la inflamación, desistía y no lo seguía intentando y recurría a mi sacaleches personalizado: mi hija. Por un lado, la pobre se lo tuvo que trabajar bien para conseguir agarrar el pezón y sacar algo de esa zona que estaba como una piedra. Prueba de ello es que, cuando llevaba un poquito, la apartaba y quedaba en la zona del pezón como un cráter que cogía parte de la areola. Mi pecho era como un volcán del que manaba leche a litros…
Así que la fuerza de la succión de mi bebita, la ingurgitación no tratada como debía (el hecho de que se pongan tan duros, inflamados y doloridos se llama así), los discos absorbentes, las copas de cera… en fin, la inexperiencia, me hicieron unas grietas sangrantes y muy dolorosas.
Recuerdo el dolor, recuerdo las lágrimas, recuerdo el terror que me producía pensar en la siguiente toma…
En casa trataba de llevar el pecho al aire, de ponerlo al sol para que se fuera curtiendo la piel, me ponía leche mía en el pezón al acabar la toma…
Estuve mucho tiempo así… y al final vi la luz…
¿Cómo? Acudiendo a un taller de lactancia…
Pero eso queda para otro post.
Dicen que para dar pecho sólo hacen falta dos cosas: un bebé y una mujer. Esto es así en algunas culturas, pero, desgraciadamente, en la occidental y, más concretamente en España, hacen falta un sinfín de elementos más e infinitos elementos menos. Me explico: la parte del bebé se mantiene, la de la mujer es la que hay que trabajar.
En nuestra sociedad para dar pecho hace falta información (y mucho apoyo). Y no sólo la necesita la mujer, también el pediatra, la matrona, el ginecólogo y si ya nos extendemos al entorno de la mujer y el bebé, la lista puede alargarse demasiado (la pareja, la abuela, la tía, la vecina, la del kiosco…). Lo mejor, mi recomendación para toda mujer embarazada, vaya o no a dar pecho, es acercarse a una sesión de un grupo de lactancia. Yo lo pensé estando embarazada, pero me dio la impresión de que todavía no era algo para mí y me arrepiento muchísimo. En nuestra especie, así como en los simios criados en cautividad, ver a otras hembras dar el pecho puede enseñar mucho a la futura madre, tal como se desprende del estudio llevado a cabo por Volk, A. A. (2009).
Dar pecho no es fácil ya que no suele ser una práctica habitual ni se ve todos los días. Muy pocas mujeres en España dan el pecho hasta que el bebé cumple seis meses. Según los datos de la AEP (Asociación Española de Pediatría), basados en la última encuesta llevada a cabo a nivel nacional por el Instituto Nacional de Estadística, citados por Lasarte y Hernández (2009, p. 405-414), “a los 6 meses, tan sólo entre un 7-28% de madres alimentan a sus hijos al pecho”.
No entraré en debates sobre lactancia materna vs. lactancia artificial. En lugar de eso, cito textualmente el primer párrafo del “Código Internacional de Sucedáneos de la Lactancia Materna y Resoluciones relevantes” publicado por la OMS. Creo que resume perfectamente el porqué de la lactancia materna:
La lactancia materna es la base de la vida, con beneficios para la salud de la madre y del niño/la niña tanto en el corto como en el largo plazo. Y debido a estos beneficios es que debe promovérsela como norma cultural y de conducta, y no como algo intercambiable con la alimentación artificial. Así como existen beneficios mensurables de la lactancia materna, incluso en los entornos más opulentos y en los más desfavorecidos, también existen riesgos mensurables derivados de su ausencia. La decisión sobre cómo alimentar al lactante no debería describirse como una elección vinculada al estilo de vida sino como una elección vinculada a la reproducción que promueve de manera óptima la salud materno-infantil durante la vida.
Como he comentado, fácil no es, con lo que en posteriores posts iré comentando cómo me fue a mí y qué he ido averiguando al respecto.
BIBLIOGRAFÍA
Lasarte Velillas, J.J. y Hernández Aguilar, M.T. (2009). Lactancia materna. Preguntas más frecuentes. Revista Pediatría de Atención Primaria, 11 (Suplemento 17), 405-414.
Volk, A. A. (2009). Human breastfeeding is not automatic: Why that is so and what it means for human evolution. Special Issue: Proceedings of the 3rd Annual Meeting of the NorthEastern Evolutionary Psychology Society. Journal of Social, Evolutionary and Cultural Psychology, 3 (4), 305-314.
OMS (2006). Código Internacional de Sucedáneos de la Lactancia Materna y Resoluciones relevantes. Consultado el 21 de octubre de 2009 en http://www.who.int/topics/breastfeeding/es/
Pienso que en este mundo tenemos acceso a un montón de información, pero, las más de las veces, con la televisión, alguna revista y un vistazo rápido a foros de Internet nos conformamos.
A mí me gusta documentarme, me gusta conocer diferentes escuelas y teorías y pienso que es la mejor forma de educar un pensamiento crítico y poder argumentar bien nuestras intervenciones en las discusiones.
Así que estoy leyendo libros hasta hartarme. Hay un montón de bibliografía sobre el tema de los niños: desde la más científica a la más de andar por casa, la de la escuela dictatorial y la más liberal. Y no me quedo con todo de ninguno, aunque a alguno de los autores que he leído le pondría en uno o dos pedestales.
Por lo tanto, empiezo esta sección con el que ha sido para mí EL LIBRO.
Se trata de la trilogía de Carlos González, “Comer, amar, mamar” ( incluye “Bésame mucho”, “Un regalo para toda la vida” y “Mi niño no me come”).
Me gusta del autor que no sea nada diplomático, sino directo, directísimo, que vaya al grano sin ambages. Además, me entusiasma que documente todo lo que dice, que dé bibliografía a mansalva, que hable con propiedad basándose en estudios e investigaciones (datos reales en los que apoyar sus comentarios).
Como he dicho hace unas pocas líneas, no me quedo con todo de ninguno de los libros que he leído, pero de Carlos González, me quedo con el 99,99%. ¿En qué difiero? Un poco en el asunto de la AC (alimentación complementaria) y la forma de introducirla. A pesar de que en la nueva edición de su trilogía ha revisado este tema, creo que aún puede dar más manga ancha y quitar todavía más reglas o limitaciones. Pero me encanta su posicionamiento en la cuestión del cuidado de los niños y creo que va por muy buen camino todo lo que dice, ya que es de los que se preocupan por adoptar el punto de vista del bebé y plantearse cómo se sentirán estos en algunas situaciones. Asimismo, su forma de ver la psicología infantil está muy en línea con las teorías psicológicas del desarrollo. Si dos disciplinas como la medicina y la psicología se ponen de acuerdo en algo, es para prestar bastante atención.
Al leer el primero de los libros de la trilogía, “Bésame mucho”, sentí que, por fin, alguien me comprendía, que entendía qué siento realmente con mi niña y fue para mí como si me dieran el visto bueno a eso de seguir mi intuición. “Bésame mucho” bien podría decirse que es un libro sobre biología… sobre biología como madres, lo que necesitamos cuando nos encontramos, tras nueve meses, con esa carita, con ese cuerpecito, con ese calor y ese mundo de necesidades que tenemos que alimentar. Y el primero y más importante de los alimentos será nuestro amor.
Recuerdo que cuando nació mi niña, sin haber leído el libro, sí que había escuchado de boca de muchos padres eso de “por mucho que te digan, cógela en brazos, yo a mi bebé no lo cogí todo lo que quería y ahora me arrepiento”. Decidí que yo no iba a arrepentirme, así que, por desdramatizar, pregoné que abría una cuenta de ahorro para mi niña, para sus gastos de psicólogo cuando fuera mayor, ya que iba a llenarla de mimos y tal vez podría traumatizarla.
“Un regalo para toda la vida” es una guía sobre lactancia materna. Una muy buena guía. Estoy asistiendo a un taller de lactancia desde hace meses y entre el taller y el libro he encontrado un gran apoyo a un montón de dudas.
“Mi niño no me come” es un libro sobre la AC. Aunque, como ya he comentado, yo sigo una forma diferente de alimentar a mi hija, no ha estado de más leer este libro por varios motivos: por tranquilizarme al ver qué cantidad es la que come un bebé (solemos tener la percepción un poco exagerada), por tener claves sobre la cuestión de los pesos, tallas y demás cuentos “percentilescos”, por saber, en general, cómo funciona eso de la AC. No me extiendo sobre el asunto ya que iré comentando algunas de las cosas en futuros posts.
Y, en muy breve (podría estar días hablando de ello), esto es lo que ha sido para mí EL LIBRO.
BIBLIOGRAFÍA
González, C. (2009). Comer, amar, mamar. Madrid: Temas de Hoy.
Ya llevamos casi dos meses con la experiencia y ha sido más que positiva.
Sí que voy a ir señalando algunas cosas a tener en cuenta:
Siempre pensé que tras las comidas el comedor quedaría como una playa tras el paso de un huracán, pero la verdad es que el resultado me ha sorprendido: es mucho, muchísimo menos de lo que esperaba. Todavía no han pasado dos meses desde que empezó la experiencia y el suelo acaba prácticamente impoluto (podemos contar tres o cuatro trozos de comida a lo sumo). En la trona aparecen más trozos, pero cada vez son menos. En cuanto a mi hija, pues sí, se ensucia, pero pienso que cuando uno empieza a manejarse por sí mismo con la comida debe pasar por ahí. Pero no es ni mucho menos algo terrible. Se le manchan las manos y algo los antebrazos, un poco las piernas y alrededor de la boca.
En este momento, estamos empezando a dejarle probar a llevarse cosas a la boca con su cucharita. Para ello, cuando preparamos gazpacho apartamos un poco (antes de añadirle los condimentos) y le vamos llenando la cuchara y tendiéndosela para que ella se la lleve a su boca. La mejor parte es cuando, después de comerse lo de la cuchara, empieza a utilizarla como baqueta para golpear la bandeja… También está empezando a beber un poco de agua en vaso. Esto sí que lo llevo con más tiento ya que la leche materna tiene que seguir siendo su principal fuente de alimentación, pero es indudable que hay días en los que no va nada mal dar un traguito de agua para quitarse la sequedad de la comida.
El primer día, de desayuno, dimos a mi hija una galleta de maíz. La cogió, la miró por todas partes, le estuvo dando vueltas con sus manos. Al cabo de un rato, empezó a golpearla contra el borde de la mesa y, finalmente, ¡se la metió en la boca! Algunas toses y muchas babas… trozos de galleta de maíz para dar y vender. ¡Fue divertidísimo!
A mediodía, le dimos pechuga, patata y zanahoria. Todo pasó por su boca, pero el mayor éxito lo tuvo la zanahoria. La patata acabó estampada contra su cara… ¡se la metió hasta por la nariz!
Han seguido desayunos con plátano, pera (de dos variedades), ciruela, cereza y comidas con higadito de pollo, ternera, arroz, sémola de arroz, pimiento verde, tomate crudo, calabacín y zanahoria cruda (estos dos últimos han sido presentados en la comida de hoy, pero no los ha probado ya que la ternera la traía loca).
El primer día hubo muchos ruiditos. Por lo que he leído algunos bebés los hacen cuando mastican. El reflejo de extrusión también lo hemos vivido: son una especie de arcadas que impiden el paso de los alimentos semisólidos hacia la parte posterior de la boca y, por lo tanto, evitan su deglución. El reflejo de extrusión, tal como detalla Ballabriga, A., se da en el periodo neonatal “cuando algo es introducido en la boca entre los 4 y 8 meses de edad. Luego este reflejo desaparece y el niño es capaz de transportar el alimento semisólido hacia la parte posterior de la boca para tragarlo”. El reflejo de extrusión tiene relación con la supervivencia. Gracias a él, si el bebé se mete en la boca algún objeto pequeño, el reflejo de extrusión hará que lo expulse. De todas formas no es cuestión de probar su funcionamiento…
BIBLIOGRAFÍA
Ballabriga, A. (2002). Alimentación en el primer año de vida. En J. Aranceta Bartrina, C. Pérez Rodrigo, M. García Fuentes (eds.), Nutrición comunitaria. Santander: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cantabria.
Hace unos días mi hija cumplió seis meses. Hasta ahora había sido criada a base de lactancia materna exclusiva. Es tiempo de empezar con la alimentación complementaria (AC)…
Hace un par de meses, en un artículo de Carlos González leí una referencia al “Baby-led Weaning”. El tema me pareció interesante y empecé a buscar información.
En la red encontré varios enlaces, como el de Armando o el de la Asociación Ítaca que describían en qué consistía. También está la información facilitada por Borstvoeding, aunque esta es en inglés.
Finalmente, decidí ir a la fuente y conseguí el libro “Baby-led Weaning” de Gill Rapley, la persona que inició esta forma de introducir la AC. El libro está publicado por la editorial Vermilion y sólo lo encontré en inglés.
El BLW consiste en la introducción de la AC de la mano del bebé. En inglés, el término “weaning” significa “destetar”, con lo que la expresión “Baby-led weaning”, entendía que se refería a que dejes que sea el bebé quien se destete paulatinamente, siguiendo sus necesidades. Sin embargo, en “Mi niño no me come”, Carlos González comenta que “weaning” hace referencia más bien a la introducción de la AC… Sea lo que sea, es una forma diferente de empezar con otros alimentos que no sean el pecho o el biberón.
La gran diferencia entre el BLW y la forma tradicional de llevar a cabo la introducción de la AC es que lo que se venía haciendo tradicionalmente era dar al bebé papilla con una cuchara; de ahí se pasaba a la alimentación semi-sólida y luego a la sólida. En el BLW nos saltamos las dos primeras partes y empezamos con la alimentacion sólida y, entonces, hablaremos de “comida de dedos” ya que daremos al bebé trozos de comida que él pueda agarrar con sus manos y nada más…
El BLW no es algo nuevo, ya que algunos padres, por intuición, se han “saltado” en algunas cosas lo de las papillas y han ido dando trozos de comida no triturada a sus hijos. Por otra parte, la introducción de la alimentación en forma de papilla, hay que tener en cuenta que es algo propio de las culturas donde existe la cuchara, pero existen países en los que la alimentación complementaria se da en trozos a los bebés.
En el BLW hay varias “normas” básicas:
Como he comentado, llevamos poquitos días, pero voy a ir describiendo cómo han sido estas primeras comidas… pero, por no extender más esta entrada, lo dejo para siguientes.
Bienvenido, visitante, a este pequeño rincón.
El motivo que me llevó a crear este sitio fue la necesidad de plasmar mi experiencia en el mundo de la maternidad. Desde el embarazo, pasando por el parto, la lactancia materna, la introducción de la alimentación complementaria… y lo que siga, ya que en este momento estoy en este punto.
Son ya muchos meses recabando información, experimentando mil sensaciones y veo que otras madres las van olvidando, así que no me quiero arriesgar, que lo mío me ha costado aprender, buscar, comparar, informarme, cotejar, errar y corregir y no errar y acertar.
Por lo tanto, para que no se me olvide por si tengo otro bebé, y también pensando que a mi hija le pueda servir o interesar, me he lanzado a crear este lugar.
Si sirve a alguien más, perfecto.
Pero una cosa debe quedar clara: esta es mi experiencia y nada más. Habrá gente que no esté de acuerdo, cosas que gusten más o menos, cosas que a otros les funcionaron y a mí no y cosas que me habrán funcionado a mí y no vayan bien a otras personas.
Sin embargo, como de todo se aprende, sí que aseguro que algo de utilidad tendrá lo que aquí refleje. Trataré de documentar lo que diga, pero, en gran parte, la única prueba de la validez de algunas de las cosas que comente será que a mí me fue bien o que yo opino que es lo correcto…
Enfin, que este es mi sitio y no voy a extenderme en más explicaciones y justificaciones.
Bienvenido, visitante, a mi pequeño rincón.
Espero que disfrutes tu estancia en él.